La escena independiente australiana vuelve a sacudirse con la llegada de Soliloquy, el monumental nuevo álbum doble de Reetoxa, una obra concebida durante los años más oscuros de la pandemia y que promete convertirse en uno de los lanzamientos más intensos, ambiciosos y emocionales del rock contemporáneo.
Escrito durante el confinamiento por Jason McKee —líder, compositor y letrista del proyecto—, Soliloquy no es simplemente un disco: es una experiencia completa. Un viaje de 26 canciones que atraviesa recuerdos, miedos, obsesiones, crisis personales y momentos de redención, todo acompañado por una producción gigantesca que fusiona rock clásico, intensidad emocional y arreglos orquestales europeos.
El álbum fue producido y masterizado por Simon Moro, colaborador clave en la construcción sonora de la obra, y cuenta además con músicos de enorme prestigio como Kit Riley en bajo (Robbie Williams, Savage Garden, Ross Wilson), Peter Marin en batería (Jet, Ross Wilson), James Ryan (Men At Work, Ross Wilson), Jessica McPherson-Riley en coros y Terry Hart en piano.
El origen de Soliloquy: una idea nacida en 1997
La historia detrás de Soliloquy es tan impactante como la música misma. Jason McKee comenzó a trabajar en este concepto en 1997, cuando apenas tenía 17 años. En aquel momento, sentía que necesitaba un nuevo lienzo artístico para llevar su composición al extremo. Inspirado por las clases de literatura inglesa y las explicaciones de Shakespeare de su profesora Mrs. Clarke, decidió adoptar el nombre “Soliloquy”, una palabra asociada a los monólogos introspectivos del teatro clásico.
Sin embargo, la vida se interpuso en el camino. El proyecto quedó congelado durante años, sobreviviendo apenas algunas ideas y demos vocales. Todo cambió una noche en el Forum Theatre, durante un show de Spiderbait. Jason conoció a una chica llamada Lisa, quien le pidió escuchar alguna de sus canciones. Avergonzado de no tener nada terminado para mostrarle, entendió que ya no podía seguir postergando su música.
Aquella situación lo llevó a abandonar su carrera universitaria en música y enfocarse completamente en grabar su obra.
La pandemia, el aislamiento y el nacimiento de una obra monumental
Cuando Jason y Simon Moro finalmente estaban listos para comenzar la grabación del primer álbum de Reetoxa, el mundo se detuvo. Melbourne atravesó algunos de los confinamientos más estrictos y extensos del planeta durante la pandemia de COVID-19, dejando los planes artísticos completamente paralizados.
Pero el encierro terminó convirtiéndose en el combustible creativo de Jason McKee.
Mientras el mundo permanecía detenido, el músico decidió volver a abrir sus viejos archivos, rescatar canciones inconclusas y escribir nuevas composiciones basadas en sus experiencias personales, traumas, recuerdos y emociones más profundas.
Durante ese proceso extremo de creatividad obsesiva —alimentado, según sus propias palabras, por cigarrillos, café y muy poco sueño—, Jason llevó su mente y su cuerpo al límite absoluto. La intensidad emocional del proyecto fue tan extrema que terminó hospitalizado durante seis semanas.
Lejos de destruirlo, aquella experiencia terminó moldeando el corazón emocional de Soliloquy.
Un álbum doble pensado como una experiencia completa
En tiempos dominados por canciones virales y consumo rápido, Reetoxa apuesta por algo completamente distinto: recuperar la experiencia de sentarse a escuchar un álbum de principio a fin.
Soliloquy fue diseñado como una travesía emocional integral. Cada canción se conecta con la siguiente para construir una narrativa intensa que desafía constantemente al oyente.
Uno de los elementos más sorprendentes del disco es la incorporación de una orquesta europea de Budapest en seis canciones, aportando una dimensión cinematográfica y épica que eleva aún más el dramatismo de la obra.
La combinación entre guitarras rockeras, arreglos sinfónicos y letras profundamente introspectivas convierte al álbum en una experiencia inmersiva que apunta tanto a los amantes del rock clásico como a quienes buscan discos conceptuales con peso emocional real.
Jason McKee describe el álbum como una invitación a detener el mundo por un momento:
“Servite tu bebida favorita, ponete los mejores auriculares y dejá que Reetoxa te lleve por un viaje épico.”
Thrift Shop Dress: el sencillo que abre la nueva era de Reetoxa
El primer adelanto del álbum es Thrift Shop Dress, una explosiva canción rock que captura la energía inmediata y visceral de la banda.
Según Jason McKee, la inspiración llegó de manera completamente espontánea mientras caminaba hacia un ensayo en Brunswick. Allí vio a una chica “demasiado cool y hermosa” cruzando la calle, y su imaginación comenzó a construir instantáneamente una historia alrededor de ella.
La canción nació prácticamente en minutos.
El resultado es un rock directo, divertido y explosivo que golpea desde el primer acorde y que fue elegido como sencillo principal entre 26 canciones, una decisión que el propio Jason describe como “casi imposible”.
Una producción independiente gigantesca
Lo que vuelve todavía más impresionante a Soliloquy es que se trata de una producción completamente independiente.
Jason McKee arriesgó sus ahorros, su estabilidad emocional y años enteros de trabajo para transformar esta visión en realidad. El álbum originalmente llegó a tener material suficiente para seis discos distintos, pero finalmente fue reducido a 26 canciones cuidadosamente seleccionadas para mantener el flujo narrativo perfecto.
La apuesta artística de Reetoxa es enorme: un disco doble de rock conceptual, emocional y cinematográfico en una era dominada por la inmediatez digital.
Y precisamente por eso, Soliloquy tiene el potencial de convertirse en una obra de culto dentro de la escena independiente internacional.
Un álbum destinado a dejar huella
Reetoxa no busca simplemente lanzar música. Busca provocar algo profundo.
Soliloquy es el retrato de un artista enfrentándose a sí mismo, revisando décadas de recuerdos y transformando el caos emocional en arte. El resultado es una obra ambiciosa, intensa y absolutamente honesta.
Con una producción gigantesca, arreglos orquestales, influencias del rock clásico y una narrativa emocional devastadora, Reetoxa entrega un álbum que desafía la manera moderna de consumir música y apuesta nuevamente por la experiencia completa del disco como forma artística.
En una industria donde pocos artistas se animan a asumir riesgos reales, Jason McKee decidió ir hasta el límite.
Y ese riesgo podría terminar convirtiendo a Soliloquy en uno de los álbumes independientes más importantes surgidos de Australia en los últimos años.

