“Tú naciste para transformar.”
Con esa frase, cargada de fuego y destino, comenzó la verdadera historia de Maya Hidalgo.
“Hija del Fuego”, el nuevo sencillo de Acid Pikes, no es simplemente una canción: es una herida abierta, un susurro del pasado, y una decisión que arde. Es el retrato íntimo de una infancia forjada entre caos y libertad, entre humo de tambor y caricias fugaces, entre una madre poderosa y una niña que aprendía a mirar sin entender.
Nacida en una combi Volkswagen, en algún lugar entre Madrid y el vacío, Maya Hidalgo creció en un universo nómada, encendido por la música y el instinto. Su madre no era una víctima de la noche: era su dueña. Bailaba con hombres, sí, pero también con el poder, con el dolor, con el deseo de no pertenecerle a nadie.
A los doce años, Maya quiso entrar en ese mundo. Su madre no le dio permiso. Le dio algo más peligroso: una bendición.
«Tú naciste para transformar.»
Esa transformación es hoy una canción.
“Hija del Fuego” mezcla el folclore español con alma acústica y una lírica desgarradora que evoca a artistas como Silvana Estrada, Lhasa de Sela y la Rosalía más temprana. Es una balada ritual, un relato en clave poética sobre la sangre y las decisiones, sobre el amor que se confunde con adicción, y sobre la fuerza de quienes eligen una llama distinta sin dejar de cantar.
El estribillo no busca complacer: dialoga. Es una conversación fantasma, un eco que regresa desde las noches de infancia, desde las sombras que enseñan tanto como la luz.
“Hija del Fuego” es para quienes crecieron en la contradicción.
Para quienes supieron decir basta con ternura.
Para quienes siguen cantando, aunque duela.
Para quienes aún aman, aunque arda.”
Acid Pikes ha entregado mucho más que una canción: ha tallado un testimonio en el aire. Y en él, Maya Hidalgo nos recuerda que no toda herencia debe repetirse. Algunas están hechas para transformarse.

