
Entrevista. Jorge Suárez y Luis Machín. Interpretan a Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, y a C.S. Lewis, el escritor católico, en “La última sesión de Freud”. El enfrentamiento entre sus puntos de vista.
Decía el escritor argentino Héctor Libertella que, entre las mil y una lenguas del mundo, sólo el castellano da la posibilidad del yo como algo que está constituido por una letra que une -y- y otra que a continuación separa -o-. En esas aguas incesantes entre lo que acerca al otro y lo que lo expulsa de él, navega La última sesión de Freud , adaptación de la obra de Mark St. Germain, que protagonizan Jorge Suárez y Luis Machín en el Multiteatro, con dirección de Daniel Veronese.
La puesta gira en torno a un encuentro. El revolucionario psicoanalista Sigmund Freud (Suárez) invita al joven académico C.S. Lewis (Machín) a su hogar en Londres. Dos hombres juntos el día en el que Inglaterra decide entrar en la Segunda Guerra Mundial y una oportunidad para discutir sobre la existencia de Dios, el amor, el sexo y el sentido de la vida.
¿Qué piensan de sus personajes? Suárez: Freud, como en su momento Galileo, Copérnico o Darwin, provocó un antes y un después en la historia de la humanidad. Es un enorme desafío hacer a este señor tan reconocible, por un lado, y tan poco conocido en profundidad, por otro. Porque si bien es muy mencionado por su nombre, no todos saben lo que hizo: develó, entre otras cosas, que tenemos un inconsciente que nos domina. Para mí es un reto interpretarlo en los últimos momentos de su vida, donde ya incluso su paciencia y su serenidad se ven afectadas por el sufrimiento de su cáncer de paladar con treinta operaciones, y con un límite de tiempo previsto por los médicos, y por él.
Machin: Lewis es menos renombrado internacionalmente. Pero sí es muy respetado en el ámbito literario: es el autor de Las crónicas de Narnia , de Cartas del diablo a su sobrino , entre muchas otras obras exitosas.
¿La visita sucedió fuera de la ficción? Machín: No se sabe, hay datos que apuntalan que sí, que es un encuentro que Freud propició en los últimos días de su vida para enfrentarse a esa contraposición de pensamientos, teniendo en cuenta que Lewis no era ningún improvisado. Se trata de alguien que, en su infancia, tuvo un acercamiento a la religión, después se volvió agnóstico y sus lecturas y distintos acontecimientos que lo sobrepasaron, hicieron que él se convirtiera al cristianismo.
Dos cosmovisiones antitéticas… Machín: Lo interesante es cómo estos discursos pueden convivir más allá de las diferencias. Cómo pueden desarrollar un diálogo de una hora y media parados de forma opuesta frente a temas trascendentales de la vida y, sin embargo, tocarse.
Suárez: El choque de ideas se torna por momentos muy gracioso. Lewis habla desde el corazón y Freud lo pone en jaque. Este es un Freud más humano, un hombre traspasado por el dolor y por una teoría que desarrolló durante muchos años y de la que, de cierta forma, está hastiado.
























